Natalia Moreno, periodista de ‘Noticias para Municipios’, es una de los más de 2.000 heridos que hace 17 años, junto a 192 víctimas mortales, sufrió la pesadilla del 11M. Ésta es su historia

OPINIÓN/ 11 MARZO 2021/ Caras desencajadas, una madre descompuesta, ruido infernal en los oídos, dolor de cabeza, muchos médicos alrededor de una camilla, ir en volandas en una manta, humo, una infanta llorando, un amigo al otro lado del pasillo…

Cuando recuerdo mi 11M, las imágenes que llegan a mi cabeza son confusas, diluidas entre las risas de no saber ni donde estaba y la carga de ansiolíticos y calmantes, con las lágrimas de mi madre y su “creíamos que estabas muerta” ¿Muerta? ¿yo? ¿por? “No entiendo nada, ¿no han chocado dos trenes?”.

Me recuerdo a mi misma, como si me estuviera viendo desde el cielo, tirada en una vía de un tren, en la calle Téllez. Iba leyendo el ‘20 minutos’ sentada en uno de aquellos asientos abatibles al lado de la puerta de un tren. De repente tenía un dolor de cabeza horrible, estaba tumbada boca arriba y no podía moverme. “Tranquila, no te muevas, esto es horrible”…me acuerdo de la gente alrededor diciéndome que mejor no me moviera…”ni que pudiera moverme, si debo tener una viga atravesada en la cabeza, pensaba yo. No era una viga, me había abierto la cabeza contra un rail. No se como fue, no lo recuerdo, mi cerebro ha borrado esa parte de la historia. Eran las 7:30 horas de la mañana, más o menos. Ni bolso, ni móvil, ni reloj. Sin identidad.

Después llegó el traslado…de todo esto me enteré después, claro. Como a la calle Téllez no podían pasar las ambulancias, me tumbaron en mantas y entre pasajeros y sanitarios (tampoco lo recuerdo muy bien), me llevaron a un hospital de campaña. Y de ahí al Gómez Ulla. Me tumbaron en una camilla y me quitaron las botas. Como es el cerebro…yo solo pensaba “que bien, vengo recién duchada y limpia…”… en ese momento ni me veía la cabeza, totalmente abierta, ni toda la metralla del cuerpo. Pero iba con las bragas limpias y eso era lo único que en ese momento me importaba.

“Dinos el teléfono de tus padres”. Mi madre, con las prisas, se lo había dejado en casa. Hace 17 años no todos tenían móvil. Mis padres iban con mis tíos en un coche, recorriendo cada Hospital. Mi padre le sugirió a mi madre ir al Ifema, donde se acumulaban los cadáveres. “Mi hija no está muerta, vamos a otro hospital”.

No recuerdo el 11M con mi propio sufrimiento; para mi el 11M es el sufrimiento ajeno. El sufrimiento del alma. Mis padres me encontraron a las 14:00 horas de la tarde. Una llamada del Gómez Ulla les devolvió a su hija. Cuando entraron, llorando, descompuestos, yo ya estaba operada, con 40 puntos en la cabeza y un drenaje, sin tímpanos y con contusiones. Pero yo estaba bien, no entendía tanto sufrimiento. Pensaba que había sido un accidente. Punto.

“Ha sido ETA”

Así de contundente me lo “confirmó” un ministro. “Ha sido ETA”. En mi cama, en mi cara. Creo que el 11M me marcó tanto políticamente, que lo que soy ahora “se lo debo” a todo lo que tuve que escuchar durante esos días. Nadie me lo ha contado. Yo lo viví. Mentiras, una tras otra. También a un Rouco Varela intentando que besara su anillo. Me regaló un Rosario. Me dio un ataque de risa porque recordaba a mi madre corriendo hacia la habitación 3 minutos antes de que el entrara diciéndome “por favor Natalia, no la montes”. Como me conoce.

Por supuesto, tengo mis propias teorías de lo que pasó. Yo clamé en contra de la guerra. Y me estalló en la cara. El 12 de marzo pedí un periódico y la tele. Y entonces les dije a mis amigos que no quería visitas, que quería que se manifestaran en mi nombre y en el de los muertos. No quisimos guerra y salimos volando.

Han pasado 17 años y todos los años me vienen a la cabeza los mismos recuerdos. Los he convertido en anécdotas. El amigo que me hice al otro lado del pasillo, los masajes Reiki de una enfermera que cada día venía a curarme los golpes de las piernas, una infanta Elena llorando; una presidenta regional y mi saludo ¿yo a ti te conozco? A mi madre le cambiaba la cara. Las drogas del Hospital eran una maravilla. Podía decir lo que quisiera en cada momento y achacarlo a sus efectos.

Pero lo que no ha cambiado es la sensación de cada 11M. No todo vale en política ni en la vida. A mi no todo me vale. Os recuerdo, os sufro y nunca olvido. Ni perdono.

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