Los ediles de Getafe Enrique Herrero y Javier Alcolea escriben este artículo sobre la necesidad de defender las Escuelas Públicas y las Casitas de Niños

OPINIÓN/ 30 ABRIL 2018 Caractericemos el patio. La escuela es un medio de reproducción social y económico. Se nutre de la sociedad en que se inserta y le devuelve a ésta personas formadas según un patrón. Visto así, nuestro contexto lo comparten tres modelos educativos que responden a las distintas formas de concebir la sociedad:

  • la escuela religiosa, que perpetúa patrones tradicionales de desigualdad social: jerarquía, clasismo, sexismo y obediencia.
  • la escuela laica privada / concertada, que ocupa el espectro más moderno (ultra) liberal de sociedad competitiva.
  • la escuela pública, donde germina una sociedad progresiva, crítica y por tanto, con una clara vocación transformadora.

Este razonamiento no es malévolo ni parcial. No se trata de un juicio de valor, sino la constatación que se desprende del rol que cada uno de los modelos desempeña de manera activa en el contexto en que se inscribe. Cierto que reservamos a la pública el único papel propositivo de los tres, pero es que a los hechos nos remitimos.

Quizá se entiende mejor si descendemos al detalle. Cuando decimos, por ejemplo, que ningún colectivo se ha movilizado tanto como el de la educación en los últimos diez años, hay que matizar esa afirmación. ¿Toda el colectivo? NO, no todo. La realidad es que sólo se moviliza el vinculado a la escuela pública, y lo hace por mantener lo que tiene o por mejorarlo.

La pregunta siguiente es ¿Por qué uno sí y los otros dos no?

Primero, por el hecho de que sólo la pública es objeto de agresiones y recortes. Mientras que los modelos religioso y laico privado reciben múltiples privilegios – regalo de terrenos, conciertos educativos, interpretación de las leyes a su favor… – en el caso de la pública, sin embargo, nos faltaría espacio para simplemente detallar los ataques: decretos de mínimos, instrucciones de julio de 2011, modelo bilingüe, pruebas externas, FP Dual, Plan Bolonia (EEES) y la LOMCE como remate, que es una ley privatizadora en lo económico y regresiva en lo pedagógico.

Pero los recortes no bastan para explicar por qué se moviliza la pública, y ésta es la segunda razón: la respuesta ante una agresión no es espontánea, sino que se necesita en paralelo una voluntad de resistir y la capacidad para organizar la resistencia. Y esos dos factores sólo se dan en la pública, precisamente porque es dentro de ella donde se reproducen los roles progresivo, crítico y transformador. Casitas y Escuelas Infantiles son la tierra donde eso empieza a germinar.

Si entendemos eso así se despeja el camino para un argumento: quien escoge el modelo público para sus hijas e hijos, o quien pasa de una manera u otra por él comparte la idea de que la escuela no es el mecanismo para crear seres adoctrinados ni ultra competitivos, sino el espacio donde se educan personas libres y conscientes capaces de poner en tela de juicio los cimientos de la sociedad en que viven y luchar para transformarlos.

Volvamos al terreno. Una radiografía social de Getafe nos desvela que la mayoría de la población progresista implicada en la política del municipio tiene o ha tenido alguna vez en su vida algún tipo de relación con las Escuelas Infantiles o las Casitas de Niños, en particular, o con la enseñanza pública en general. Y éste es un proceso que se retroalimenta. Porque, como decíamos al principio, la escuela se nutre de la sociedad en que se inserta y le devuelve a estas personas formadas según un patrón. De tal manera que cuando esa población abandona la escuela pública, se implica sin fisuras en su defensa. Por eso, a cada agresión que sufren las escuelas, le sigue naturalmente una respuesta.

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¿Qué es lo que ha ocurrido las últimas semanas en torno a estos centros educativos, Escuelas y Casitas? Evidentemente existe una carencia de personal flagrante, derivada de circunstancias excepcionales, y seguramente también de una gestión mejorable por parte del gobierno municipal. Pero eso por sí solo tampoco explica por qué, una vez más, la comunidad educativa se ha volcado en su defensa: asambleas, reuniones con la delegación, concentraciones, propuesta al Pleno… y lo que queda por venir. ¿Es la falta de personal lo que explica ese movimiento o hay algo más? Sin duda, hay algo más.

Pensemos en la escuela pública como un engranaje con tres ruedas:

  • una estructura óptima – recursos humanos y materiales –;
  • un mecanismo coherente – pedagogía abierta –; y, sobre todo,
  • una finalidad política – construir la sociedad -.

Estos tres piñones son inseparables, indisolubles y deben tener todos sus dientes, porque de lo contrario, la maquinaria se para. Si un gobierno al mando de la escuela se queda sólo en los aspectos de la estructura – puestos de trabajo, mantenimiento de edificios… – entonces limita su gobernanza a cuestiones de gestión. Y desde luego, un político no es solo un gestor. De igual modo, si se complace con el asunto procedimental provoca que recaiga en los y las maestras toda la responsabilidad de lo que ocurra. Y ninguna pedagogía, por muy avanzada que sea, puede cumplir por si sola su función.

Por eso, quien está al mando de la escuela pública, y mucho más si se reivindica de izquierdas, tiene la obligación de engrasar el tercer piñón de la maquinaria: el de la vinculación entre la política y la escuela. Como norma general las consecuencias de un proceso son un factor determinante en el nivel de implicación de quien en él participa. Si el gobierno municipal cree que su función es SÓLO la de gestionar recursos, a la hora de solventar los problemas que padecen Escuelas y Casitas argumentará que la legislación es la que es, que los plazos administrativos son los que son y que el funcionamiento del Ayuntamiento es lento. Y así justificará su actuación. No irá más allá.

Sin embargo, si vincula la escuela con su perspectiva política, entonces entenderá que la clave para que Getafe siga siendo la ciudad progresiva que es reside en la defensa sin complejos de la escuela pública. Y como eso, en sus competencias, se llama Escuelas Infantiles Municipales y Casitas de Niños, su implicación, y por tanto su labor, con ellas debe ir mucho más allá de la gestión.

Cuando las madres y los padres, las educadoras y medio Getafe se vuelcan en torno a una reivindicación sobre las escuelas, el Gobierno no puede actuar como la pieza entre ellas y la administración. Eso es lo que ha ocurrido, tanto en el caso de los puestos de trabajo que se necesitan como en una solución a la elección de colegio para los y las niñas que terminan ciclo: asumió el papel de buen gestor y abandonó su labor como político. En consecuencia, las reclamaciones se han dirigido contra él.

Protestas con el cierre de cinco aulas de infantil en la inauguración de la Ciudad de los Niños

Es preciso recordar al gobierno que, sea cual sea su actuación (y no está siendo precisamente para tirar cohetes), no hay riesgo de que Getafe deje de ser mayoritariamente crítico y progresista, pues la conciencia anida en las masas. Sin embargo, como hemos visto, el análisis por sí solo es insuficiente: de lo que se trata es de transformar la sociedad para hacerla mejor. Y la metamorfosis entre el análisis y la transformación lo genera la escuela pública, de la que Escuelas Municipales y Casitas de Niños son sus primeros y más fuertes baluartes. Si se acaba con ellas, o si no se las defiende con todo, su función dejará de existir con ellas y le abonaremos el terreno a los otros dos modelos educativos, de por sí privilegiados, y al modelo de sociedad que proponen, jerarquizado o ultracompetitivo.

Haría bien también el gobierno municipal recordando que las dos únicas derrotas que le fueron infligidas al anterior alcalde, Juan Soler, durante la legislatura pasada tuvieron como epicentro la defensa de las Escuelas y Casitas. Una al comienzo y otra al finalizar su legislatura; las dos coincidieron casualmente con inauguraciones que se le indigestaron. En ambas tuvo que retroceder. Y seguramente una de las razones de que no repitiera al frente de la corporación tuvo bastante que ver con ello.

Que escoja el argumento que entienda mejor; cualquiera de los dos llama a una implicación sin fisuras por su parte. Eso es lo que le exigimos, y lo que, mientras, nosotros seguiremos haciendo.

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