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Mónica y Alberto llevan cuatro años intentando esclarecer la muerte de su hija en el parto, en el Hospital Rey Juan Carlos de Móstoles

MOSTOLES/ 18 NOVIEMBRE 2020/ Mónica Carrasco y Alberto Rodríguez llevan cuatro años inmersos en una lucha judicial con el objetivo de esclarecer la causa de la muerte de su hija, Chloe, durante el parto en el Hospital Universitario Rey Juan Carlos de Móstoles. Una batalla en la que han logrado, al menos por la jurisdicción civil, que se les reconozca que hubo una actuación médica contraria a la lex artis ad hoc.

El juzgado de Primera Instancia número 77 de Madrid ha dictado resolución estimando la demanda por la deficiente asistencia prestada durante el parto a Mónica Carrasco, con el consecuente fallecimiento de su hija en mayo de 2016.

En concreto, en la resolución judicial se da a conocer que la compañía aseguradora Zúrich
Insurance, como aseguradora que cubría la responsabilidad civil de los médicos del hospital, ha accedido finalmente a las pretensiones de la demanda de los progenitores de la niña por entender acreditada una actuación contraria a la lex artis ad hoc y que la asistencia al parto se produjo de manera indebida.

La historia se remonta al 15 de mayo de 2016, cuando Mónica y su marido acudieron a urgencias de Maternidad del Hospital Rey Juan Carlos, en la semana 39+2 de gestación, ante la sensación de que el día del parto había llegado. Ingresaron en torno a las 19.00 horas y fueron trasladados a la planta de obstetricia, donde le confirmaron a ella que ya estaba con tres centímetros de dilatación.


Tras verificar las contracciones uterinas en la sala de dilatación, la matrona la monitoriza para detectar el latido fetal del bebé, que confirma la buena variabilidad de la frecuencia cardiaca fetal. “Sin duda, nuestra hija se encontraba en situación de bienestar fetal”, según narró Mónica a Noticias para municipios.

A partir de las 23:00 horas le comunican que van a romper la bolsa de liquido amniótico, observando inmediatamente que este “estaba inmensamente teñido de meconio espeso +++”, una sustancia compuesta por células muertas y secreciones del estómago e hígado, que reviste el intestino del recién nacido.

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Hospital Universitario Rey Juan Carlos de Móstoles, donde Mónica dio a luz a Chloe

Le consultamos a la matrona si era posible que nuestra hija pudiera respirar este meconio y se asfixiara, pero nos indicó que no solía suceder eso, que lo único que sucedería sería que cuando la sacarán tendrían que ir a limpiar su boquita y después ya nos la entregarían”, recuerdan Mónica y Alberto, a quienes ya en aquel momento les pareció “extraño”.

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Al rato comenzó a sonar la alarma de la máquina de monitores porque había una deceleración del latido de Chloe, por lo que decidieron cambiarla de posición, la pusieron de forma lateral. Minutos más tarde volvió a sonar la alarma del monitor y le comunicaron que lo único que ocurría era que “el bebe estaba sufriendo ‘estrés’ porque la contracciones eran cada vez más fuertes”.

Poco después, decidieron administrar un medicamento llamado ritrodina, que es un relajante uterino, alegando que la niña “tenía sufrimiento fetal” y esto haría que disminuyeran las contracciones para que el bebé se relajara, pero Chloe continuó sufriendo “bradicardias graves”.

Finalmente, los médicos acabaron practicando una cesárea a Mónica en torno a las 2.30 de la madrugada. Pero ya era tarde, la niña nació en parada cardiorespiratoria y, pese a los intentos de los médicos de reanimarla durante 18 minutos, únicamente pudieron certificar su fallecimiento.

Calvario judicial

Tardaron tanto en realizar la cesárea que Chloe falleció”, lamentan Mónica y Alberto, quienes a continuación comienzan a narrar su calvario judicial, que comenzó con una denuncia de los hechos en la Comisaría de Policía de Móstoles, donde ya alertaban de una posible negligencia médica en el parto.

El hospital quiso encargarse de la necropsia y la incineración de Chloe, pero los padres se negaron. La autopsia judicial de la niña no fue concluyente, únicamente ofrecía el diagnostico de hallazgos indicativos de “sufrimiento fetal intraútero”, aspiración masiva de liquido amniótico y extensa hemorragia en pulmones.

La última hoja del registro de monitorización, donde se observa el latido del corazón de Chloe durante el parto

Como desde Fiscalía no se solicitó del órgano judicial la declaración de instrucción compleja, para que se pudieran seguir practicando diligencias de investigación que ayudarán a esclarecer los hechos,  se acabó archivando la instrucción penal en el plazo de seis meses sin la posibilidad de alargar ese plazo hasta los 18 meses.

El asunto llegó finalmente, por vía civil, al Juzgado de Primera Instancia número 77 de Madrid después de ser archivadas las diligencias previas del procedimiento penal. Tras varios meses sosteniendo la parte demandada que Chloe solo era un feto y que no era una niña cuando falleció.

El mismo día de la celebración del juicio, ante la Jueza, se allanaron respecto a las pretensiones de la demanda de los progenitores de la niña por entender acreditada una actuación contraria a la lex artis. Ante esta manifestación de allanamiento se decidió establecer una transacción judicial.

El letrado José Aznar Cortijo, abogado especializado en derecho sanitario, ha informado a este medio que la resolución judicial es «laudable» pues se subraya en el escrito de transacción judicial que la niña Chloe falleció por una infracción de la lex artis ad hoc.

En cuanto a la indemnización, que asciende a 170.000 euros, resarce por partes iguales a los progenitores y a su hija menor por el impacto emocional sufrido y demas daños especificados en el escrito de demanda, y es la indemnización más alta en esta materia en España.

Los padres han reconocido a Noticias para municipios que se trata de una “victoria agridulce” pues aunque han conseguido que se reconozca que la asistencia al parto se produjo de manera indebida con el consecuente fallecimiento de su hija, existen “sospechas razonables” de la comisión de un presunto delito, que, a día de hoy, nunca se llevó a cabo en la jurisdicción penal.

Por último, Mónica Carrasco, que es jurista, ha recogido su historia en un libro ‘Los mensajes de Chloe’, para ayudar a aquellas personas que pudieran encontrarse algún día, en una situación similar. A ellos y a todos aquellos que comprendan el dolor, les ofrece su testimonio. El libro cuenta con el prólogo de Carmen Alba Figuero, excoordinadora de la Oficina de Asistencia a las Víctimas del Terrorismo de la Audiencia Nacional.

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