Miles de personas se dieron cita a las afueras del Centro Comercial Sambil Outlet, próximo a abrir sus puertas con la esperanza de dejarse ver por los empleadores. Por: Ricardo A. Nieto V.

LEGANÉS/ 19 FEBRERO 2017/ Imponente, colosal, vacío son adjetivos que podrían calificar al esqueleto del Centro Comercial Sambil Outlet, próximo a abrir sus puertas en los alrededores del Barrio La Fortuna, cuyos vecinos, probablemente, nunca habían visto a tantas personas reunidas en las proximidades del parque Serafín Antón como en la mañana del pasado 17 de febrero.

Y es que fue una mañana distinta para todos. Los que iban, los que venían, los que viven, los que vivirán, todos estaban asombrados del cauce humano que bordeaba la instalación como si se tratara de la espera de un concierto del tour “Together” que reuniría a Madonna y Michael Jackson. Pero es bien sabido que “El Rey del Pop” ya no está entre nosotros, entonces, ¿por qué tanta gente apiñada en este lugar? No solo era asombroso el número sino también lo variopinto del público, desde adolescentes, pasando por adultos jóvenes con carritos para bebés, hasta residentes de la tercera edad, todos con un mismo objetivo: conseguir un puesto de trabajo.

La feria de empleo propuesta por el gigante comercial atrajo a un sinfín de candidatos, a quienes les daba lo mismo freír hamburguesas en una cadena de comida rápida como trabajar con niños en una ludoteca. Dejarse ver por los empleadores era lo importante. “A mí para lo que me escojan”, dijo una señora mientras comía un pequeño bocadillo entregado por el personal a cargo de la seguridad del recinto.

Carpetas llenas de hojas tamaño carta que albergaban el sueño de un fin de mes más tranquilo brotaban incesantemente de las profundidades subterráneas, llegaban en bus, en incluso a pie por la Avenida de América Latina, que se llenó no solo de españoles sino de un gran número de inmigrantes, dejando ver las costuras del desempleo galopante. Todos con la misión de depositar sus esperanzas en las cajas de cartón dispuestas para ello.

Adentro esperaban los cazadores de talentos, esperando un perfil que encajase con sus demandas. Aunque para los asistentes lo menos valioso era el perfil, pues se agolpaban en las nuevas filas, sin importar mucho el rubro de las empresas empleadoras. “¿Tienes experiencia trabajando con niños?”, preguntaba cándidamente una de las reclutadoras a quienes le rodeaban en su stand. Las respuestas eran surreales en algunos casos: “No, pero tengo dos hermanitos en casa, así que experiencia sí que tengo”, o “Ninguna, pero igual te dejo la hoja por si surge algo”. Y es que el derecho al trabajo no se le puede negar a nadie, pero quizás un poco más de criterio a la hora de buscar pueda traer mejores resultados.

Con el pasar del día las esperanzas de entrar a la boca del coloso se disipaban, y ponían de los nervios a algunos de los asistentes, que vociferaban que esto no era más que una vil estrategia del Centro Comercial para darse publicidad, y que a la larga no escogerían ningún currículum. ¿Será verdad?, o es un mecanismo de defensa cultivado por experiencias pasadas. Algo de orden sí que ha faltado. Los que no han faltado fueron los listos, quienes aprovechaban el más mínimo descuido para colarse y ahorrarse las horitas de espera. Algunos enojados denunciaron, pero solo recibieron amenazas de algunos que se sentían con más poder, pues los pocos encargados del orden casi nada podían hacer ante la multitud enardecida en busca de un empleo digno.

El próximo 24 de marzo promete abrir sus puertas el Sambil Outlet. ¿Veremos alguna cara familiar de aquellos que vivieron la agónica espera el 17 de febrero? Eso está por verse. Lo que sí es seguro es que los amaneceres de La Fortuna no serán iguales, y su poco transitada estación de metro tendrá un flujo mayor. Esperemos que sea un flujo de progreso y oportunidades, y no de “potenciales clientes” con pocos duros en los bolsillos para darse un gusto en el nuevo atractivo de Leganés.

1 Comentario

  1. Excelente articulo, la simpleza del lenguaje utilizado para describir una realidad presente encaja perfectamente en una narrativa sin exageraciones de ningún tipo pero sin dejar en ningún momento de reflejar el problema y las expectativas de un colectivo.

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