Opinión en ‘La firma invitada’ de Ser Madrid Oeste

MÓSTOLES/ 7 ABRIL 2017/ Ganar Móstoles ha donado 3.000 euros a la tuitera Cassandra y las reacciones están divididas como era de esperar.

Están quienes critican la donación por existir necesidades sociales latentes en Móstoles, están los que opinan que es una estrategia de marketing de Ganar Móstoles, y luego están los que opinan sobre el tema en sí. Los que abogan porque opinar NO es delito (aunque las opiniones se basen en el odio, en lo absurdo, en el rencor y en la ofensa) y los que creen que hay que dar un escarmiento a quienes desean la muerte por redes sociales o se ríen de las desgracias ajenas con una bilis pronunciada.

Opiniones enfrentadas que han evidenciado una cosa: Sí, hay odio.

El odio que Cassandra dejaba a su paso en cada tuit le ha pegado en la cara como un boomerang. Ha hecho que la gente la mire y evidencie el odio al diferente por ser transgénero, ha provocado la reacción de la intransigencia a las opiniones políticamente incorrectas (sigo sin ver el humor negro) y ha demostrado que lo que siembras, lo recoges.

Un escarmiento que ha llegado a ser vapuleo social y mediático demostrando que no todo vale con un Estado que ha puesto sobre la mesa un mensaje: La Libertad de Expresión está coartada en nuestro país, ya hay carcel por opinar. Eso sí, esa Libertad de Expresión también está vejada por el uso que se hace de ella.

En resumen, las redes sociales están llenas de opiniones putrefactas que el gobierno quiere demoler a golpe de prisión. No evolucionamos a mejor en ningún caso.

 

 

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