La mujer sufre estrés postraumático a raíz de que fue forzada en varias ocasiones

LEGANÉS / 9 FEBRERO 2018 / El Ministerio Público solicita para Héctor P. B. una pena de ocho años de prisión por abuso sexual continuado sobre una trabajadora que era subordinada suya en una empresa de Leganés y que le valió a la víctima tratamiento psicológico al presentar, entre otras secuelas emocionales, un trastorno de estrés postraumático.

La Sección Sexta de la Audiencia Provincial de Madrid celebra los próximos martes y miércoles el juicio, donde, según el escrito de calificación provisional elevado a la Sala, el procesado trabajaba en la misma empresa que su víctima y era capataz de la misma, es decir, su superior jerárquico.

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Así, en torno al mes de septiembre de 2014, el procesado comenzó a mostrar un trato diferente hacia su subordinada, insistiendo en conocer asuntos personales de la misma que sobrepasaban el ámbito estrictamente laboral.

En ese contexto de acercamiento, el hombre propició encuentros a solas con ella en su centro de trabajo y, en concreto, en las dependencias que utilizaban para cambiarse.

Además, en dicho momento la empresa se encontraba en un proceso de reducción de plantilla, situación que el procesado utilizó para generar en la mujer el temor de perder el empleo si no accedía a sus peretensiones.

En el vestuario

El 14 de septiembre de ese año, en uno de esos encuentros en la zona de vestuario del centro de trabajo, y con la excusa de darle a ella un masaje en el hombro contracturado, Héctor, valiéndose en todo momento de su relación de superioridad, le tocó lo pechos, llegando a meterle la mano entre el pantalón y a tocarle con los dedos la vagina. Ella se quedó paralizada y le pidió que cesara en su actitud hasta en tres ocasiones.

A partir de ese momento, el acusado incrementó su acoso hacia la mujer, advirtiéndole de que si no hacía lo que él quería, no la dejaría en paz.

En otra ocasión, el 30 de noviembre, el hombre, cuando los dos iban a bordo de una furgoneta en el desarrollo de su trabajo, le bajó la cabeza a la mujer para que le hiciera una felación. Ella, ante el pavor de perder su empleo, terminó accediendo a la imposición lasciva de su agresor.

El 25 de enero de 2015, también en la zona de cambio del centro laboral, le empujó contra la pared y le tocó el pecho y las nalgas, llegando a meterle las manos en el pantalón, mientras la abrazaba para impedir que se moviera.

Amenaza de despido

El último episodio acreditado por la Fiscalía sucedió en marzo de 2015, cuando, de nuevo en el vestuario de la empresa, el procesado cerró la puerta con llave y, nuevamente con las amenazas de despedirla de la empresa, la penetró vaginal y analmente.

Como consecuencia de esta situación de abuso sexual y moral continuado, la victima ha precisado tratamiento psicológico y presenta, entre otras secuelas emocionales, un trastorno de estrés postraumático.

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