Los afectados ya llevaron a cabo una recogida de firmas para solicitar la construcción completa del colegio, entregando más de 4.000 firmas en la DAT

GETAFE/ 19 JUNIO 2017/ Los padres y madres del CEIP Miguel de Cervantes en el barrio de Los Molinos continúan con las movilizaciones, ya que la Dirección de Área Territorial Madrid Sur de la Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid “se empecina en la construcción de los colegios públicos por fases y hace caso omiso a la reiterada petición de un segundo colegio en el barrio”.

De esta forma, consideran que “se ignoran los datos del padrón municipal que muestran una realidad”, y es que en la actualidad hay 555 niños con edades entre los 0 y los 2 años que viven en Los Molinos.

“Tanto para nuestros hijos como para nosotros esta situación es insostenible, aunque hemos intentado hacer ver a las instituciones implicadas las consecuencias de sus decisiones sin éxito alguno”, han subrayado.

Además, han recordado que durante el curso 2016/2017 los niños han tenido que hacer psicomotricidad en un pasillo. Para los desdobles, las profesoras salían a dar clase a los pasillos o llegaban a utilizar el despacho de dirección. Los niños de primaria hacen educación física en unas pistas cercanas, saliendo del recinto escolar y teniendo que cruzar dos calles para llegar a estas pistas, con el consiguiente riesgo.

Asimismo, el pasado mes de febrero mantuvieron una reunión con el director de Área Territorial Madrid Sur, Manuel Bautista, en la que se puso sobre la mesa la necesidad de un segundo colegio en el barrio, además de la construcción completa del CEIP Miguel de Cervantes, petición que se volvió a reiterar el pasado 12 de junio “sin conseguir que accediera a ninguna de las peticiones”.

En la reunión se les aseguró que las obras iban a estar finalizadas para el inicio del curso escolar el 8 de septiembre. Sin embargo, los padres y madres de alumnos creen que las obras no estarán finalizadas, con las consecuencias de reubicación en un colegio fuera del barrio, tal y como ya ocurrió en el curso 2015/2016, “con peores consecuencias ésta vez, dado que supondría un prejuicio no sólo para los niños sino también para los padres, a lo que no les sería fácil poder conciliar su vida familiar con la laboral, ya que en algunos casos tendrían a sus hijos divididos”.

 

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